Esta antigua estación de tren magníficamente restaurada nos invita a viajar a través del tiempo. Su sala única, de gigantescas dimensiones, está sobrevolada por una serie de móviles y lámparas que animan el conjunto, junto con las cortinas de terciopelo que dan cierta intimidad y un gran techo vidriera que deja pasar directamente la luz al abrirse directamente al cielo. ¿Se puede pedir más a la decoración? Pues además, la entrada se hace a través del bar que era, antiguamente, «la sala de los pasos perdidos», y a continuación encontrará una majestuosa escalera que lleva al restaurante. Y todo ello sin olvidar la simpatía y profesionalidad de su equipo.