En 1942, René Lasserre adquirió un bistrot-hangar construido para la exposición universal de 1937. Gracias a la pasión de este hombre, Lasserre se convirtió rápidamente en uno de los mejores locales de la vida parisina. Entre los habituales de la casa se encontraba André Malraux, que dejó su huella particular, como lo atestigua el célebre "pichón André Malraux" que figura aún hoy en su carta. El comedor es un escenario minuciosamente concebido por el que desfila, con elegancia, el ballet del servicio al ritmo de las apariciones mágicas del cielo estrellado a través de su célebre tejado abierto decorado con pinturas de Touchagues. Las salas de la planta calle, cuya decoración está inspirada en el siglo XVIII, pueden adaptarse para acoger hasta a 45 comensales. Tiene dos estrellas de la guía Michelin.